domingo, 13 de julio de 2014

TEXTO DE Pilar Riveros Fuentealba


Me mataste,
tus celos me mataron hace algún tiempo
se hicieron golpes lacerando
palabras filosas rasgando el alma
hoy vengo a enrostraste la culpa de restarme vida

Lanzaste la piedra
Como si tú techo, no fuera de cristal
Qué ironía
Tu pecado transferido por obra y magia
Del doble estándar.

El cansancio se instaló en nuestras paredes
Como sonrisa negra en la calavera
Macabra expresión de final.

Las vulvas apetitosas
Siempre dispuestas a la invasión
Te perturbaban
Pero nunca te preguntaste
Si eras el único invasor.
La decepción fue mermando
El amor prometido.
Fuiste abeja asesina
Que destruye su propio panal.

Ahora desde esta oscuridad
Veo tu alma perdida


Y tu corazón convertido en espumarajo.

TEXTO DE LORENA

Espera-espera
      
       Sin inspiración, sílabas planas e insensibles, alma color  acero
       Tren oxidado de maquinista agónico de alcohol de sable
       Remolino de penas no resueltas y
acertijo de comics
       Banderas esparcidas en bares de madrugada Trinchera  de verdugos,  con lo puesto y sin encantos sus  dedos se hacen escarcha


       Frío de verano austero, cantar de golondrinas afónicas,  locura a cuestas, espera vacía de recorridos, enrielan trotes de vallas, esperan su espera…

sábado, 12 de julio de 2014

POEMA DE LORENA

SEPIA

                    Mientras miraba el rodar
                                                                                                                                                         Rodar de tus ruedas

Rodé por las cornisas de edificios de cemento

                                                                                                                                   No hay tiempo...

                            Sólo pájaros amordazados 

                                                                                                           que observan mi luto de colores fluorescentes


Busco un trago sangriento

                                                                                                                          Bajo el rostro hasta el fondo


Fondo sin fondo.

                                                                                                      Alma de encierros

                                                                                                      Ausencia de alma

                     No hay verdes        


                                 Sólo SEPIA...








ABANDONO DE LUNAS

Cucaracha de dudas
Cementerio de ratas
Sombrero de copas
En mano de cigarras
Ajos floridos de manteles blancos y  rojos trajes de novia,
                                                                                                              saltando al altar, cual canguro  en cráteres  de luna,
                                                    enciende sin mecha las estrellas
que alumbran tu partir
sin miedo
y  mi quedar
con espanto.

                                










POEMA DE LORENA RIOSECO PALACIOS

                                               Muerdo mis miedos

Busco un soplo de aire
Busco lo que jamás tendré
Infiernos  aullando en mí ser
(Que ya no se sabe)

Sueños de antaño
Desgano por una vida en la nebulosa incierta que cubre el desamor.
Regresas y yo regreso a lo de siempre
A ese infame saberte ajeno
Mudo
Impávido
Jugando a mil bandos, perfumado de tantas.
Mi imaginación actúa cual reflejo en tu mente
Ojalá la mía fuera cierta
No golpes mi lujuria
que suplica no leer la tortura
Espías las sombras que te siguen
(Quieres desaparecerme)
No tengo refugio que refugie mi sufrir
En el desamparo
mancho mis letras de sangre.




(Lorena Rioseco Palacios, SOBRE EL TEXTO  El amante imaginario de Roxana Heise)

LEYENDO A POETAS RELEVANTES: GABRIELA MISTRAL - POEMAS DE CHRISTIAN



               POEMA I

Tocaré con dulzura tu recuerdo,
Lo colocaré sobre mis ojos
Para verlo en cada paso y cada piedra
Del camino que me queda.
Sentiré con dolor cada cosa que pediste
Y callaré con pudor aquello que vivimos.
No hablaré de ti para que sigas siendo mía
Me alejaré para que trates de alcanzarme
Y lo logres un poco cada día.



          POEMA II

Eres la sombra de una sombra
Que corre buscando el calor
Entre los granos de la tierra.
Eres la sombra de un amor
Más grande que tú misma
Y que tus actos.
Desde todo tu ser dormido
Apareces con tus frases y tus gestos
Para luego esconderte entre los pliegues invisibles de tu alma.
A veces la sombra de tus lágrimas humedece el suelo
Otras veces, una sonrisa tuya lo resuelve todo.


        POEMA III

El amante quiso amar, sin darse cuenta de que ya estaba enamorado
Y quiso ser amado, olvidando que su mujer ya no viviría sin él.
Cuando la muerte bañó con frío el cuerpo de la amada,
los espacios y los días crecieron largos y vacíos.
Las cosas se hicieron simples y al mismo tiempo incomprensibles.
El amante bajó la vista hacia la tierra
reconociendo en ella cada momento
y miró al cielo para contemplar la danza de las cosas perdidas.
El mundo seguía siendo el mismo, pero los olores eran otros.
Apretó con su mano todo lo que tenía hasta que pudo soltarlo y disfrutarlo, después de tanto tiempo.



TEXTOS DE CHRISTIAN

EL DESCANSO

A todos en la oficina nos tocaba trabajar demasiado, pero me parecía que mi situación económica era mucho más difícil que la de los demás. Algunos que ganaban menos que yo podían comprar  cosas que para mí eran tan inalcanzables como ir a la luna. Pero esto no me torturaba, quizás porque mi mente no consideraba esas cosas como parte de mi mundo. Lo que sí tengo que admitir es que en la época de verano me sentía humillado cuando mis vacaciones en casa quedaban brutalmente comparadas con las aventuras extremas vividas por mis compañeros en lugares como Viña del Mar, Pucón o Buenos Aires. Ni hablar de las vacaciones en Cancún sobre las que mi jefe daba muy pocos detalles, casi como si ir allí fuese parte de sus obligaciones. Todos los años acordaba con Margarita, mi esposa, que ahorraríamos mensualmente para que las próximas fueran unas verdaderas vacaciones y lo hacíamos, pero cuando en Enero sacábamos cuentas, siempre quedaba claro que había otras prioridades que hacían absurdo salir.
Pero un hambriento discurre más que cien letrados. Le propuse a Margarita cerrar la casa como si nos fuéramos a otra parte, quizás a otro país, pero en lugar de salir, encerrarnos en el entretecho durante dos semanas. Cantaríamos, jugaríamos al naipe y sobre todo, conversaríamos en familia como rara vez era posible en la rutina diaria. Ella pareció no entender la propuesta, porque me miró con sus ojos claros muy abiertos sin decir nada y sin dejar de lavar los platos. En ese momento los niños comenzaron a pelear violentamente y ya no pudimos terminar el tema. Pero logré calmar a Pedro y Daniela contándoles que al día siguiente yo estaría de vacaciones, que subiríamos al entretecho, que estaríamos viviendo en él por dos semanas, que sería muy divertido. Los niños reaccionaron jubilosamente y comenzaron a decir las cosas que querían llevar, entre las que se incluía muñecas, la perrita, un disfraz de Superman…Les dije que llevaríamos linterna para explorar, porque arriba era obscuro, lo cual los entusiasmó aún más y salieron de la cocina corriendo. Margarita no sabía qué decir y la reafirmé diciendo que por primera vez tendríamos un verdadero descanso.
Me levanté muy temprano y tratando de no despertar a nadie, puse la escalera debajo de la claraboya para asomarme al entretecho. El polvo y las telarañas me recordaron que hacía mucho tiempo que nadie subía. Comencé a subir las cosas que fui considerando necesarias, tratando de ubicarlas lógicamente. Cuando ya todos se levantaron, tomamos desayuno. Luego me bañé y ayudé a los niños con sus preparativos. Margarita fue la última en estar lista y aunque seguía la corriente, parecía no querer subir. Dejé a los niños explorando arriba y bajé a buscar a Margarita tratando de convencerla de que ya nada faltaba, que estaba el agua, la comida, la ropa, las pelelas, el papel higiénico…La ayudé a subir afirmando la escalera mientras sus zapatos pisaban inseguros cada peldaño y su pollera se enredaba en ellos. Me di cuenta de que había engordado cuando su cuerpo pasó muy ajustadamente por la claraboya. Finalmente pude cerrar la escotilla y dar por iniciado nuestro inusual retiro.
El día transcurrió entre discusiones de los niños, reclamos por el calor, ganas de hacer pipí, solicitudes de encender o apagar la linterna, toses causadas por el polvo. Margarita aguantaba sus ganas de ridiculizar la situación y yo trataba de mantener en los niños el espíritu de aventura. Cuando ya la oscuridad obligó a mantener la linterna encendida y comenzó a hacer frío nos organizamos para dormir. Los niños en un rincón, bien abrigados. Margarita y yo tratamos de acolchar un sector del piso con frazadas y nos acurrucamos. No respondió a mis caricias en sus nalgas pero apretó su cuerpo contra el mío. No hablamos en toda la larga noche, a  ratos durmiendo y a ratos preguntándonos si el otro estaría durmiendo.  Finalmente los niños despertaron y encendí la linterna. Al poco rato todo era barullo y se acabó la calma. Daniela estaba un poco ronca y Pedro no dejaba de estornudar, pero ambos estaban muy contentos. Repartí el desayuno que traíamos preparado y todos comenzamos a comerlo ansiosamente. Con algo de temor por la posible respuesta, pregunté a Margarita qué le había parecido nuestro primer día de aventura. Se puso seria y la luz de la linterna hacía más expresivo su disgusto. Me miró fijamente por unos segundos y de repente soltó una carcajada que hizo saltar trozos de pan de su boca. Ninguno pudo contener la risa durante mucho rato y sin necesidad de decir nada comenzamos a bajar todo lo que habíamos subido por la escotilla, haciendo una cadena humana. El resto de las dos semanas transcurrió en perfecta armonía familiar. Creo que no salimos en ningún momento de la casa y sentí por mi esposa un amor tan intenso y tan amplio que no lo podría describir.
Al volver a la oficina, mi jefe preguntó amablemente por mis vacaciones, a lo que pude sonreír diciendo “¡las mejores de mi vida!”


EL COMANDANTE

A veces cuesta saber si estamos locos o respondemos cuerdamente a un loco ambiente. A pesar de eso, el comandante había sido internado en una institución que prometió curarlo de su hambre insaciable. La suya era un hambre total: comía pan, comía verdura, comía seres, comía ideas. A su alrededor desaparecían las cosas y las personas que consumía, lo cual causaba en él una ansiedad que determinó que los especialistas decidieran que era necesario tratarlo. Pero la razón de su ansiedad, al menos para el propio comandante, era desconocida. Su mente comenzó a intuir que algo le faltaba, que existía algo que no había probado y que habría de satisfacerlo. Su ansiedad por consumir se transformó en ansiedad por saber qué le faltaba consumir. De pronto, casi por accidente, comprendió que quería consumirse a sí mismo. Efectivamente, al probar parte de su cuerpo notó que en lugar de sentir dolor, se reducía su interés por devorar. Se comió su estómago, su boca y su propia mente. Ahora espera que un ser superior desee consumirlo.

TEXTOS DE CHRISTIAN

POESÍA NEGRA

¿Cuándo será el día
en que los días
no se parezcan a otro día?
¿Cuándo encontraré otra vida
para entrar en ella sin
saber el resultado?
¿Cuándo pasará algo
digno de ser contado?
Parece que todo parece,
que las ideas son ilusiones
que no importa si estamos.
Le ponemos nombre a las cosas
para creer que son reales
y usamos nombre propio
como si de algo sirviera.



COMIC

Pepe era un hombre feliz. Con frecuencia sacaba a su mujer de los quehaceres de la casa y salía con ella y los niños a la calle o al parque. La señora los disfrutaba por un rato pero no podía dejar de pensar en lo que había por hacer en casa, donde para ella todo estaba pendiente y a punto de causar una catástrofe. Para Pepe en cambio las cosas estaban siempre bien, excepto por instantes, cuando una invitación o la enfermedad de alguno de los niños le hacía notar que su situación económica era precaria. Pero esos sentimientos eran prontamente superados ante la menor señal de esperanza.
Si la familia era importante para Pepe, su trabajo lo era aún más. No era un empleo cualquiera sino un desafío nuevo cada día, un universo por descubrir cada semana. La revista se imprimía los viernes y a veces ocurría que era jueves y Pepe aún no terminaba de dibujar la historieta. De hecho, a veces ni siquiera había logrado decidir el guión y quedaban menos de 24 horas para el plazo fatal en que la imprenta tenía que empezar a rodar. Pero de algún modo, la tarea siempre se lograba, aun cuando en ocasiones se entregaba las últimas páginas de la historia cuando las primeras ya estaban impresas, lo cual causaba mucha molestia en el editor jefe. El tema siempre salía a colación cuando se discutían los aumentos de sueldo y Pepe prometía ser más previsor en el futuro.
Una vez al año, en Diciembre, se imprimía un número especial con 40 páginas en lugar de las habituales 20 y con una historia más espectacular. Pero Pepe, ocupado siempre en la creación de sus historias y el empeño de dibujarlas lo mejor posible, no se dio cuenta de nada hasta que llegó el implacable jueves. Por suerte ocurrió que en un pasillo, el jefe de otra sección le preguntó al editor jefe que cómo venía el número especial de mañana. La pregunta fue contestada con una sonrisa cómplice dirigida a Pepe y los dos jefes entraron a una de las oficinas. Pepe sintió un estruendo en su cabeza y comenzaron a mezclarse en su mente imágenes erráticas de los personajes que había estado creando. Le vino la certeza de que se venía una tragedia que acabaría con la vida a la que estaba acostumbrado. Su aturdimiento era tan grande que en lugar de ponerse a trabajar, salió a la calle y se trató de calmar. Como no resultó, volvió a la oficina tratando de no ser visto, cerró su puerta y se desplomó en su silla con la mente en blanco. Temía que alguien entrara a preguntar detalles y descubriera la verdad. Temía que la confianza ganada en tantos años se perdiera en un instante para siempre. Temía que el editor jefe confirmara que existía otro mejor para su puesto. Incluso temía que cerraran la revista para cambiar a otro tipo de publicación más rentable.
Cuando disminuyó el ruido y muchas luces se apagaron pudo calmarse y decidió comenzar una nueva historieta porque las que había esbozado no estaban a la altura de un número especial. Necesitaba un personaje más real que los que había estado probando. Después de mucho rato concentrado sintió que el cuerpo se le aplanaba y las cosas de la oficina se dibujaban sobre las paredes y le ocurrían cosas increíbles. Parecía estar ocurriendo lo que más de una vez había imaginado como tema de una historieta, en que personajes reales se transformaban en dibujos.
Incluso pudo notar que sus pensamientos aparecían escritos encima y jugó un rato con ello: “Debo salvar al mundo…” decía un letrero blanco sobre su cabeza mientras que su capa roja se extendía hacia atrás. Un instante después estaba volando muy alto y en el suelo aparecía la pequeña figura de una muchacha pidiendo ayuda. Acto seguido, se veía a la joven en detalle y dos hombres de gafas la rodeaban decidiendo su destino. Un letrero expresaba un gemido saliendo de la boca de la chica...
Eran las 9 en punto de la mañana cuando el editor jefe entró a la oficina vacía de Pepe y se puso a examinar mecánicamente las 40 hojas que encontró sobre el escritorio. Al concluir su revisión, su amplia sonrisa denotó que el número especial sería un éxito. Pero nadie ha vuelto a ver a Pepe.